Hoy, cuando he abierto el ordenador, me he encontrado con varios mensajes de colegas, abogados alemanes que me felicitan por el éxito de la selección española. Me doy cuenta de que realmente la victoria ha sido muy importante y que el mundo estaba pendiente del asunto.
¿De qué va a servir todo esto?. ¿Somos ahora más importantes? Por un momento, por unas horas hemos sido el centro mismo del universo. Unos “Obama” del deporte. Tanta es la influencia, tanto el poder del fútbol, el deporte rey.
Y el acontecimiento se ha cruzado con la batalla del “Estatut”. Con la manifestación multitudinaria en defensa de las raíces y de las esencias. Ha sido también una pugna de cifras. Omnium Cultural ha hablado de más de un millón de manifestantes. En el diario El Mundo hablan de sesenta y cinco mil; los mismos que ayer asistieron en Montjuich a presenciar el partido a través de pantallas gigantes de TV. El baile de cifras está servido. Por supuesto, no a gusto de todos. La historia tiene estos extraños, estos raros contrastes. El destino ha querido que en escasamente cuarenta y ocho horas, nos enfrentemos o vivamos unos acontecimientos que parecen antagónicos. La España de siempre y la Catalunya viva, eterna.
La dos condenadas a entenderse. No nos engañemos.