El ejemplo que me viene a la cabeza es el de Italia. El país ha vivido durante décadas con crisis políticas agudas e intermitentes. Finalmente la gente se ha acostumbrado a vivir a espaldas del Estado, a espaldas de los políticos. En España las últimas encuestas dicen que más de un 90% de los consultados están absolutamente desencantados de los políticos y de los partidos políticos. Se ha llegado a un cansacio generalizado.
Claro que esto no es bueno. Én un sistema tan reglamentado, resulta difícil, por no decir casi imposible vivir de espaldas al Estado, a la Administración. Cualquier paso que des, está vinculado a la firma de papeles o formularios para los poderes públicos. Licencias, impuestos, seguridad social. El vicepresidente de la patronal Fomento del Trabajo, que estaba presente en el almuerzo, se quejaba, por ejemplo, que los famosos créditos ICO, patrocinados por el Estado para desatascar a la economía productiva, no funcionaban. Todo seguía igual. En cambio uno de los vicepresidentes de PIMEC, de la pequeña y mediana empresa de Catalunya, argumentaba lo contrario. Que sus experiencias habían sido más positivas.
Pero llegamos a un consenso. No queríamos, no podíamos concluir la reunión ahogados en el pesimismo. Teníamos que rebelarnos y concluir que si el Estado no lo conseguía, nosotros teníamos que empujar para que las cosas funcionaran mejor. El individuo es el motor del desarrollo. Una especie de voluntarismo inherente a todos nosotros.
Nos despedimos hasta setiembre.
16 de Julio de 2010