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LA MOROSIDAD. AQUI NADIE PAGA.

  

Puede parecer una exageración. Pero parece conveniente subrayarlo. Quien primero no paga es la Administración. La central, la autonómica, la local. Como el déficit del Estado es tremendo, las transferencias a las entidades periféricas se demora y se hace muy tarde. Las consecuencias de la crisis y el parón inmobiliario han mermado sustancialmente los ingresos de los Ayuntamientos y estas dificultades se han traspasado a sus proveedores. Los proveedores en muchas corporaciones o no cobran o cobran tarde y los bancos tampoco se atreven a financiar el papel que emiten los Ayuntamientos, porque no saben si éstos van a cumplir.

Hoy se publicaba en la prensa que la morosidad en bancos y cajas alcanza los cien mil millones de euros y equivale a un 5% de las inversiones de estas instituciones. Bueno, yo creo que la cifra es muy prudente y que en realidad debería ser mucho más alta. No me extrañaría que fuera superior al 10%. Porque, claro está, ahí tenemos que definir o distinguir qué es lo que entendemos por “morosos” o por “creditos impagados”. Y posiblemente en las cuentas de los bancos existan aún muchos créditos que constan como “vivos” y que en realidad tendrían que haberse ya amortizado.

Hoy también el presidente de la Pequeña y Mediana Empresa (PYMEC) ha declarado que las empresas que tengan clientes que no pagan, deberían poder despedir a sus empleados y que ello constituyera una “despido objetivo”. Claro, si no me pagan, es evidente que finalmente no se podrá pagar a los empleados y se tendrá que cerrar la empresa. Mejor poder rescindir la relación laboral de una parte de la plantilla y dar la posibilidad de que la empresa pueda sobrevivir y esperar tiempos mejores. Todo esto es de un sentido común notabilísimo. Por esto casi con toda seguridad, no saldrá adelante.

Finalmente mencionemos en este catálogo de sucesos, que con fecha 5 de julio se ha promulgado una nueva ley de Morosidad. La ley pretende atajar el fenómeno de los impagados y que la gente, los empresarios paguen a sesenta días. Y que la Administración también haga los deberes.  Por supuesto, sacrosanto ideal. Que todo el mundo pague en un tiempo razonable el producto que compra o el servicio que utiliza. Pero para que esto se cumpla, la economía tiene que funcionar; tiene que haber liquidez en el sistema. En la Administración Pública, en los Bancos, en las empresas.

Y de momento esto es lo que falta.

20 de Julio de 2010 <!-- by admin -->