Y digo que cuesta entender este asunto, porque los periódicos hablan frecuentemente, con profusión, de fraudes de millones y millones de euros y en cambio los causantes de estos atropellos siguen en la calle. ¿O sea, que no los meten en la cárcel, pregunta un ciudadano inquisidor?. La respuesta es que no los encierran, a menos que se tema que van a destruir pruebas indispensables para un juicio posterior, o que van a marcharse del país, para eludir la acción de la justicia. Por ello los jueces fijan unas fianzas y obligan a los implicados a presentarse periódicamente al Juzgado para acreditar que siguen vivos y a disposición de la justicia.
Pero como aquel ciudadano inquieto, puede seguir preguntando, ¿ para qué entonces sirve la prisión provisional y la privación de libertad, sino es para castigar a los “malos” y distinguirlos de los “buenos”?, habrá que decirle lo siguiente: En primer lugar que la justicia es lenta, muy lenta y que los procesos se alargan muchos años. En segundo lugar, que no necesariamente en el tiempo se va a producir la relación inmediata de crimen y castigo, como reacción a veces visceral contra aquel que se supone ha realizado una actuación delictiva.
Naturalmente estas circunstancias pueden conducir a una cierta desmoralización colectiva. Hoy acabamos de conocer que el fraude del Palau de la Música asciende a 35 millones de Euros. Pero esto no quiere decir nada. Únicamente cuando se vea el juicio,- ha de llover mucho para ello-, se discutirá la cifra y si la misma fue el resultado de una actuación delictiva de sus autores. Hasta entonces, “presunción de inocencia”.
Alguien me apuntaba el otro día. ” Casi sale a cuenta llevarse unos millones de euros”. “Te quedas en casa hasta que haya pasado la tormenta” “Y si has de ingresar finalmente en prisión, aguantas; pero cuando se ha cumplido la condena , ya tienes un patrimonio consolidado”.
Por supuesto la reciente historia española cuenta con algunos ejemplos de esta clase. Pero no es nada bueno que exista una percepción semejante entre la ciudadanía.
Y todo esto tiene muy difícil arreglo.
23 de Julio de 2010