El protagonista de la historia es Isidro Fainé, el actual presidente. Fainé empezó en Banca Jover hace muchos años; de ahí pasó al Banco Atlántico, en la época de Casimiro Molins y Ferrer Bonsoms, cuando se iniciaron las autopistas de peaje propiciadas por este banco; y finalmente desembarcó en la Caixa. La Caixa siempre ha sido una entidad muy monolítica. Franco puso al frente de la institución después de la guerra a Enrique Luño Peña,catedrático de Derecho natural y que era un prodigio de aburrimiento en clase. Doy fé de ello. Más tarde apareció José Vilarasau Salat, primo de Ferrer Salat. Como director general, se pasó media vida en la Caixa, después de una etapa de gestor en Madrid, al frente de la Dirección General de política financiera.
Como que la Caixa no tiene propietarios y sus “consejeros”, son personas o entidades que se miran a la Caixa, desde una distancia bastante considerable, el director general puede practicamente ejercer como un virrey de Catalunya, dada la proliferación de agencias, extendidas por todo el territorio y por el hecho de que los catalanes tienen a la Caixa como algo suyo, aunque estén absolutamente equivocados en esta percepción.
Fainé apareció en La Caixa, después de la época de Narciso de Carreras y cuando Vilarasau y Ricardo Fornesa estaban dirigiendo la entidad. Llegó con muchos ánimos e impulsó un dinamismo en la gestión. Y por muy poco no le salió mal una de sus primeras experiencias de aquellos años. Lo de las primas únicas fué una creación suya y aquello le produjo serios quebraderos de cabeza. Tuve con él algunos contactos a raíz de aquel problema. Finalmente se salvó, saliendo de puntillas del escenario.
Luego utilizó las experiencias obtenidas en el Banco Atlántico en el negocio de las autopistas de peaje y profundizó las relaciones financieras de la Caixa con lo que más tarde sería Abertis. A la Caixa siempre le han interesado los negocios que generan,- valga la redundancia-, “caja”. Por supuesto, la tecnología de los cajeros automáticos, peaje o monopolios como Repsol. Por tanto, no puede decirse que sus dirigentes, -con Fainé a la cabeza-, no hayan sido gente avispada e inteligente, utilizando las grandes ventajas que supone el controlar una institución financiera. Además cuando han visto que un negocio estaba finalizando su fase alcista, se han desprendido de él. Sucedió por ejemplo con Habitat, en el sector inmobiliario. Llevaron la empresa a Bolsa con el fin de diluir el riesgo y obtener unas plusvalías. Claro que a veces no se llega a tiempo. En Habitat han tenido que aguantar la crisis y aún siguen ahí para evitar males mayores.
Concluyo. Isidre Fainé ha sabido estar en el lugar y en el momento precisos para ganar. Y ha tenido la paciencia de esperar y hasta aguantar a los que le han precedido. Solamente por esto ya hay que felicitarle. Porque no todo el mundo sabe hacerlo.
24 de Julio de 2010