Aquí, Bruselas y el Banco central europeo han empezado a jugar fuerte. El euro, han proclamado, es una moneda reserva; y este principio que en esta primavera estaba como alicaído, se está consolidando en estas últimas semanas.
Ya he dicho en otras ocasiones, que nada ha cambiado y que el escenario es el mismo. Pero el efecto de los vasos comunicantes ha cobrado fuerza en estos últimos tiempos. Vasos comunicantes a tres o cuatro bandas. Que van de Estados Unidos a Europa pasando por China o alguna otra estación intermedia. Ni a Estados Unidos le interesa la caída del Euro, ni le interesa a China, ni a otros continentes que guardan Euros en sus alforjas, como reserva de divisas.
Bruselas se ha dado cuenta de ello. Que la debilidad del Euro equivale a la debilidad de Estados Unidos y equivale igualmente a la fragilidad de los intercambios financieros internacionales. Nadie quiere un nuevo descalabro. Todos optan por la supervivencia, por mirar adelante sin importar demasiado las cargas o lastres que se van acumulando.
La verdad, la verdad, no se dice. Se enmascara todo con titulares que impulsan al optimismo. Para que así se deje atrás una etapa complicada y angustiosa. Un ejercicio de funambulismo. De equilibrio tremendamente inestable.
Así pasaremos el verano.
27 de Julio de 2010 <!-- by admin -->