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LOS RIESGOS DE UNA CRISIS FINANCIERA SIGUEN PRESENTES

  

Una de las medidas más importantes que debían emprenderse a raíz de la crisis financiera del 2008, era la reforma de las instituciones bancarias, de las operaciones que las mismas desarrollaban y de los riesgos que éstas implicaban para el sistema. Existía un consenso en que los bancos habían abusado en negocios especulativos de alto riesgo,con efectos devastadores en sus propios capitales. Las consecuencias de ello fueron el final de Lehman Brothers o Bear Stearns, las tensiones sufridas por el grupo asegurador AIG, las dificultades experimentadas por una gran parte del sector bancario británico, alemán o suizo y el hecho determinante que el 36% del capital de Citigroup tuviera que ser asumido por el Estado norteamericano.

Al cabo de dos años que explotara la burbuja, las cosas no han cambiado sensiblemente en el ámbito internacional, aunque es cierto que Obama  ha conseguido poner en práctica, tras muchos obstáculos, las primeras reformas de calado. Hedge funds, especulación bursátil desordenada, reaparición de bonos importantes a ejecutivos; instrumentos todos que utiliza la banca para engordar su cuenta de resultados, han vuelto a hacer acto de presencia. La tentación sigue ahí. El casino de juego del mercado de valores. El problema fundamental con el que se enfrentan las instituciones crediticias, es el de los escasos márgenes de su negocio tradicional, esto es, prestar dinero y la tentación grande de buscar la ganancia más inmediata, a través de la operativa bursátil. No existen muchas otras explicaciones para comprender como la ambición de la banca, ha permitido a jóvenes valores, implicarse en riesgos de cientos o miles de millones de dólares. Cambiar esta cultura va a ser tremendamente difícil, porque la banca está forzada a exhibir buenos, mejores resultados, para mantener las cotizaciones bursátiles, aún a costa de los llamados “atípicos”; esto es del resultado de actividades que nada o poco tienen que ver con lo que debería ser su actividad principal.

Mientras todo esto no tenga un arreglo más convincente, pienso que el incremento de los fondos propios de los bancos, previsto por la comunidad internacional, no va a ser suficiente. Estaremos al albur de que otro día salten las alarmas y nos enfrentemos a otra crisis, producto de la codicia de unos cuantos. Hasta ahora los intentos de regulación a nivel transnacional de la actividad bancaria en sus aspectos más conflictivos han fracasado. Hemos reunido en distintas ocasiones a ministros de finanzas de distintos países, a representantes de los países más poderosos, para acercar posturas y establecer consensos, pero poco o nada se ha conseguido.

El “lobby” bancario sigue teniendo un envidiable vigor. La City de Londres no renuncia al protagonismo de siempre.

1 de Agosto de 2010