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GARZON VUELVE A LA CARGA

  

Garzón vuelve a estar de marcha. Ahora ha dirigido unos cursos en la Universidad Complutense sobre el tema “Derechos humanos.Justicia transnacional y democracia efectiva.” Y ha dicho en su discurso inaugural que “la democracia es incompatible con la impunidad”, y que “cuando la democracia está ganada, nadie puede decir que mirar hacia atrás pueda suponer la quiebra del sistema.”

Garzón se ha “soltado” con estas frases que seguro no habría podido pronunciar, si aún fuera hoy, juez de la Audiencia Nacional. La referencia clara y directa a las consecuencias de la guerra civil española, es evidente. El Tribunal Supremo le prohibió que siguiera con la investigación de las secuelas de la guerra civil y las fosas del bando franquista. Pero él entendía que no había ley,- por muy vigente que estuviera-, que impidiera remover los cimientos de acontecimientos que pugnaban con principios de ética y de justicia. Se acordaba posiblemente de que también en Argentina,- y luego que Alfonsin enterrara con una ley de “punto final” los desmanes de la dictadura militar,- años más tarde los Kirchner habían retomado el asunto, llevando a los Tribunales a los que quedaban aún lúcidos de aquella negra etapa del país.

Pero España no es Argentina. Garzón aún no había nacido, cuando terminó aquí la guerra civil. Vino al mundo bastante después. No tiene por ello ninguna memoria de lo que sucedió. Solo lo que le han contado. Su familia, sus conocidos, o los interesados de uno u otro bando. Porque, hubo dos bandos. Y en los dos, muchos muertos y mucho sufrimiento. Recuerdo que mi familia, mi madre me contaba con qué alivio vivieron el final de la guerra en Barcelona. Una Barcelona sobrecogida por los bombardeos y por las salvajadas de los anarquistas primero y de los comunistas de Stalin, después. Una Barcelona oscura, cuyos ciudadanos vivían en el permanente temor de las represalias y el riesgo enorme de los “paseos” de madrugada que terminaban con un tiro en la nuca. Como en el cementerio de Montcada, que fue testigo de tantos fusilamientos de personas inocentes.

Garzon lo ha visto todo como en una película trágica en blanco y negro; como espectador de un trozo desgarrado de la historia de España. Y quiso, ha querido asumir un protagonismo en todo ello, valiéndose de un pasaporte de juez, que le legitima para aplicar las leyes, pero no para hurgar en las conciencias ni en aquella historia.

Dejemos las cosas como están. Bien o mal, no vamos a resolver nada volviendo la vista a aquel pasado.

7 de Agosto de 2010