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PEQUEÑA EMPRESA

  

Hoy otro periódico se ocupa de los problemas que embargan a las pequeñas empresas. “Pequeñas empresas amenazadas de quiebra, por la sequía bancaria”. Este es el titular. Recuerdo también que el otro día un amigo alemán me explicaba que muchas empresas pequeñas y medianas de su país, están bloqueadas, porque pese al aumento de pedidos que están experimentando, especialmente en el sector de bienes de equipo, los bancos no les abren la puerta a un incremento de la financiación. Así, me dice, en vez de suministrar el pedido en unas semanas, están un par de meses. 

En todas las crisis económicas que se han sucedido en España, las que se han llevado siempre la peor parte, han sido las pequeñas empresas. De éstas son las que la banca puede prescindir. Con toda claridad. Éstas  no duelen en la cuenta de pérdidas y ganancias bancaria. En cambio las que siempre han salido mejor libradas, son las grandes; las que deben mucho, mucho dinero. Digamos que a partir de mil millones de euros. Los bancos que en su día acudieron a suscribir un crédito sindicado para estas empresas, se lo piensan antes de irse al Juzgado para reclamar la deuda impagada. Los más prefieren aceptar una quita de algunos cientos de millones y renegociar el resto a una decena de años. Ah, y si la empresa insiste que no dispone de liquidez para continuar con su actividad, lo más frecuente es que se le otorgue un nuevo crédito “puente”, para seguir tirando. Las entidades bancarias prefieren por todo ello, renovar el crédito a cancelarlo o amortizarlo como fallido; porque resulta evidente que no es igual amortizar una operación crediticia por diez millones de euros que por cien o ciento cincuenta. En el primer caso los coeficientes de solvencia no se resienten. En el segundo, el peligro está ahí.

Se produce por tanto un fenómeno absolutamente contradictorio. Mientras que la multitud de pequeñas empresas, son estadísticamente las que proporcionan una mayor ocupación al país, éstas son en cambio las peor tratadas por las entidades financieras. Al primer tropiezo, la banca les cierra el grifo de la financiación y al segundo sus propietarios ya está avalando con su propio patrimonio, que perderán inexorablemente si no logran levantar el negocio.

Parece que existe ahora por parte de los poderes públicos una mayor sensibilidad hacia la necesidad de mantener a toda costa el espíritu y la iniciativa inherentes a las pequeñas empresas. Y por parte de la banca se habla públicamente de que se cree en el empresario y en sus proyectos, al margen de las garantías que se prestan.

No se lo crean.

10 de Agosto de 2010 <!-- by admin -->